Iovhar
Arconte de la Gravedad · El más peligroso · Sin reino
Todo termina cayendo hacia aquello que ejerce suficiente atracción.


Gravedad, órbitas, potencia extrema y una soberanía que convierte al centro en destino.
Iovhar recibió una porción desproporcionadamente grande de la Luz fragmentada de Saturno: el dominio sobre gravedad. Mientras sus hermanos gobiernan fenómenos delimitados por materia, percepción, temperatura o llamada, Júpiter puede alterar directamente cómo la creación determina caída, peso, trayectoria y concentración de masa. Saturno redujo su propia inestabilidad, pero creó una entidad extraordinariamente difícil de contener. Iovhar llegó a poseer un reino en la antigüedad; aquel territorio desapareció como Estado después de una catástrofe gravitatoria cuya versión definitiva todavía no se ha fijado.
No mantiene una escala visual estable. Los testimonios lo describen como una silueta oscura rodeada por objetos, polvo y fragmentos de arquitectura que orbitan sin caer. La luz se curva alrededor de su contorno y, cuando se aproxima, el cuerpo de los observadores puede sentirse súbitamente más pesado o extrañamente ligero.
Imperioso, silenciosamente dominante y convencido de que toda jerarquía auténtica debe sentirse como una fuerza inevitable. A diferencia de otros Arcontes, rara vez necesita exhibirse: prefiere que el entorno entero empiece a inclinarse hacia su voluntad.
Sin reino propio, Iovhar opera mediante cultos dispersos y su Investida, Anara Caith. Su actividad aumenta en el presente y preocupa incluso a los otros Arcontes. No está claro si obedece por completo a Saturno o si la fragmentación produjo en él ambiciones independientes.
Es el Arconte más peligroso y la gran amenaza intermedia entre conflictos humanos y la guerra final del Demiurgo. Su ausencia de reino evita que pueda ser tratado mediante diplomacia convencional.
Domina gravedad. Puede aumentar o reducir peso efectivo, modificar direcciones de caída, curvar trayectorias, crear órbitas locales y generar gradientes capaces de comprimir materia. Su potencia supera a la de los demás Arcontes, pero también su inestabilidad. Puede conceder Marcas de enorme poder cuyos errores afectan espacios completos, no solo al portador.
Todo termina cayendo hacia aquello que ejerce suficiente atracción. Iovhar entiende la soberanía como la capacidad de convertirse en el centro alrededor del cual los demás pierden la elección de alejarse.